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  • hoy ha sido un buen día

    Ójala que todos los días pudiera acabar la tarde con esta sensación de traquilidad y tristeza suave de tarde de invierno.
    No es fácil sentir bien la tristeza dentro de uno, pero es posible y aprender a acunarla es una de las buenas cosas que he aprendido en la vida.
    Espero que mañana tenga que acunar la alegría, o las sonrisas tiernas de mirar a mis hijos-as o a mi mujer, despacio, muy despacio.
    Un saludo y hasta mañana.

  • poema para mi hijo

    Hoy he pasado toda la tarde con mi hijo pequeño, paseando, jugando y dejando que el tiempo nos vistiese de tristeza cálida y pausada.
    Reencuentro aquí el poema que le escribí antes de nacer.

    Acogeré entre mis manos
    tu cuerpo sin tiempo, tanto
    que beberé con delirio
    tu alma, tu primer llanto.

    Entre mis verdes ventanas
    apuntarán unos brillos
    gotas alegres, futuro
    nueva sombra de mí mismo.

    Acunarás tú mi alma
    de viejo tejo y mi canto
    arrullará tu reposo
    pequeño, sutil, rosado.

    Como hoja recién abierta
    temblarás mientras tú creces
    escrutas el nuevo bosque
    y sueñas amaneceres.

    Te sueño, hijo, te vivo.

  • pequeña alabanza al silencio

    SILENCIO

    Te he sentido entre los dedos, te he temido y te arropado, te he escuchado y enmarcado dentro de mis pensamientos. Ven, rellena los alocados vaivenes de mi pensar, pon el fondo de color y hazme comprender tu significado.

    Te soy extraño, me eres desconocido, pero siento la necesidad de integrarte en mis anhelos, de hacerte dueño y señor de algunos de mis momentos, de ser parte de mi yo, de ser mío, de dejarme llevar entre tus alas de viajero y peregrino.

    Te deseo, bálsamo reparador de sentimientos sin freno, sabio relator de mis historias sin palabras, sólo sentidas, sólo pensadas, sólo mías.

  • en espera de otros tiempos, un cuento "El arroyo y el tiempo"

    “El arroyo y el tiempoâ€.

    En un país, sin que importe demasiado cuál, vivía un niño, o niña, tampoco tiene la más mínima importancia, en una casa de montaña y cerca de la misma existía un arroyo al cual acudía de vez en cuando a jugar, a lanzar piedras, a saltar o a bañarse con sus amigos.

    Eran tiempos sin prisa donde cada momento era independiente de los anteriores y de los siguientes. El niño y el arroyo transcurrían sin prisa por el paisaje.

    Creció el niño y se fue haciendo mayor. Empezó a experimentar inquietud por ver dónde empezaba y acababa el arroyo y solía correr por las orillas del mismo hasta el nacedero donde empezaba y hasta el río grande donde acababa.

    Cuando quería llegar al final del río y encontrarse con otras personas jóvenes como él, el arroyo le parecía demasiado lento y quería que fuese más rápido, que no se demorase entre las piedras y en los recodos.

    Saltaba de piedra en piedra, de orilla a orilla cuando podía y acortaba el camino hasta su destino.

    Siguió creciendo y llegó a una cierta madurez. Sus cabello empezaron a escasear y las preocupaciones, los trabajos (tenía que llevar cosas de las huertas hasta el final del arroyo), las gentes que con él vivían le mantenían ocupado y preocupado.

    Trataba de disfrutar del arroyo mientras caminaba, pero el río seguía su curso imperturbable. Le hubiera gustado sentarse en cualquier recodo, sobre cualquier piedra, pero las obligaciones le impedían el parar, debía continuar hasta el final y acabar sus obligaciones.

    Cuando regresaba hasta su casa, hubiese deseado que el arroyo bajase más despacio, poder disfrutar de pequeños altos en sus quehaceres, pero no era fácil, siempre había algo que hacer y el arroyo no se paraba.

    Una tarde, al volver hacia casa, se encontró con un amigo de cuando era niño y todo parecía una sucesión de momentos independientes y se sentaron un rato junto al arroyo. Charlaron, se preguntaron y contestaron, y parecía que el arroyo no se moviera. Estaba anocheciendo y sintió lo bien que estaba por dentro, aunque el arroyo no se había detenido, él había sentido que casi lo había conseguido. En su interior el arroyo se había remansado, habían desaparecido sus prisas y sus saltos.

    Se prometió a sí mismo parar de vez en cuando en ese u otro recodo y dedicarse a escuchar el bosque, los cantos, el silencio, su respirar y sus pensamientos, salirse del rápido discurrir de todos los días.

    Pero no era fácil, no encontraba tantos momentos. Fue aprendiendo y encontrando con más facilidad cada vez esos instantes.

    Nuestro personaje siguió creciendo, sus cabellos eran cada vez menos y su cuerpo iba encorvándose, sus andares, cada vez más lentos, le llevaban al arroyo, sin obligaciones, y volvía a sentir su transcurrir de nuevo como momentos independientes. El agua estaba hoy aquí, mañana allí, no importaba, lo importante era que siguiera su curso.

    Solía llevar a su nieto pequeño en alguno de sus paseos y sonreía bajo la sombra de algún roble, mientras el pequeño lanzaba piedras, saltaba al agua, al transcurrir sin tiempo del agua. También veían pasar de vez en cuando a algún vecino más joven, casi sin tiempo para saludar, buscando el final o el nacer del arroyo y esperaban al atardecer la vuelta de su hijo, de sus idas y venidas.

    Un día, se sentaron juntos a observar los últimos juegos del niño, antes de volver a casa y mirando a los ojos del hijo, que observaba y le decía al nieto que era tarde, que tenían que volver a casa, le pidió que estuviera tranquilo, que la prisa no les iba a hacer ganar tiempo. De repente, le pareció que el arroyo se detenía, que dejaba de correr. Encontró una lágrima en los ojos de su hijo y de su nieto. No veía ya el arroyo.

    Ese día volvieron solos a casa nieto e hijo. El abuelo se había fundido en el arroyo que, como siempre, continuaba con su eterno transcurrir, entre los montes, hacia otro río.

  • un poema de amor a mi pareja

    Lo que más me gusta de ti eres tú

    Lo que más me gusta de ti eres tú
    emergiendo del recuerdo, uniendo
    sentimiento y pensamiento a contraluz
    el yo y el tú en unidad fundiendo.

    Apareciste puntual en juventud.
    Mientras montabas tú tus estructuras
    me ayudaste a perfilar contra el azul
    del tiempo, mis sueños, mis desventuras.

    Quisiera renovar hoy mi deseo
    de quererte, contra marea y miedo
    quiero alentar al viento el aleteo

    de mil amores volando en el cielo
    de mis sueños, mientras yo tarareo
    mi canción, eres tú lo que más quiero.

  • hoy me han contado que ha nacido Paula "NANA EN TRES ACTOS"

    Hoy me han contado que ha nacido Paula. Ha sido su padre y me han comunicado la buena noticia. Cuando me enteré de la proximidad del nacimiento, empecé a remover en mi interior los recuerdos (yo tengo tres hijos-as)y le escribí esta nana en tres actos:

    Si alguien la lee, espero que le guste y le haga recordar o reelaborar los pensamientos de aquelllos momentos, desde cualquiera de las tres posturas, la madre, el padre y el/la niño-a.

    NANA EN TRES ACTOS, QUE SON LOS QUE TIENEN QUE SER
    (nana integrada o integral o integrativa...)

    MADRE

    Duerme, mi niña.
    Descansa en mi vientre dolorido
    mientras mis manos acunan
    tu cuerpo sin tiempo,
    mientras mis lágrimas tejen
    canciones que arrullen tu alma.

    Duerme, mi niña.
    Sueña en tus ojos mi piel,
    sudorosa y esforzada,
    mientras mis palabras secan
    tus lágrimas recién aprendidas,
    tus llamadas nuevas y llenas
    de necesidad de madre.

    Duerme, mi niña.
    Come mi leche y llena
    de esperanzas y de lunas,
    tus noches y días nuevos,
    de colores de mi sangre,
    tus sonrisas y tus manos,
    que me buscan, que me sienten.

    Duerme mi niña
    junto a tu madre cansada,
    descansa y sueña.

    PADRE

    Duerme, mi niña,
    duerme mujer,
    descansa tu cuerpo dolorido
    en el capazo de sentimientos
    de mi corazón emocionado.

    Quiero tejer una cuna
    con lágrimas y palabras tiernas,
    para que duerman muy juntas
    la niña y la madre solas.
    Quiero pintar un regazo
    de ternura y emociones,
    donde descansen del parto
    la madre y la niña nuevas.

    He descubierto tus ojos
    de luz recién encendida.
    Han caído sobre ti,
    tiernas y temblorosas,
    mis lágrimas de padre enganchado
    al cordón indivisible
    que nos une y nos mantiene
    enlazados de por vida.

    He besado tus labios de madre en la mezcla
    de dolor y felicidad,
    saladas lágrimas bellas
    en tus labios de mujer,
    entreabiertos al futuro,
    en tus brazos tiernos de madre,
    compartidos con los míos.

    He sido padre.

    NIÑO-A

    Quiero que me protejas,
    que me digas mil canciones
    de sabores y colores.
    Que me llores y me rías,
    que descubras mis sentidos
    al mundo que me recibe.
    Quiero que me quieras,
    con mi cuerpo y mis manitas,
    que me cojas y me arrulles,
    con suaves y cálidas notas
    de canciones y emociones,
    mezclados en tu sonrisa,
    todo es nuevo.
    Quiero que me protejas.

  • otra noche más

    Antes de acabar el día, unos versos para reflexionar sobre las vivencias del día, esta vez centradas en el amor.

    Momentos de placer atemporales

    Me miras a los ojos y presiento
    piel y sangre ardiendo en tu mirada
    imán que me atrae hacia tu nada
    me falta, por faltarme, hasta el aliento

    Quiero plasmar el mundo en un momento
    lanzarte mis desmanes en manada
    susurrar la canción nunca cantada
    ser de tu sed de amor el alimento

    Envuelta frente a mí en suaves tules
    gózame y aplaca el dulce tormento
    que hiere mi piel con mil cristales

    Guía mis sentidos hasta los azules
    cielos donde acaba el sufrimiento
    placer y amor de sueños inmortales

    Un canto al amor con alguna licencia poética y un guiño a Miguel Hernández.
    Que los sueños os sean propicios.
    Modesto.

  • la vivencia del tiempo

    Se nos va el tiempo coon furia, con rabia, o nos deja con rabia, que no es lo mismo. Con el tiempo es difícil hacer buenas amistades. Cuando eres joven queremos que corra y salte, que lleguen momentos nuevos y nos pasan por encima, muy por encima.
    Cuendo queremos que venga más despacio y se remanse, transcurra lento y pausado a nuestro lado, no nos hace caso y nos desespera.
    Es importante acunarlo y hacerlo socio, que no corra demasiado, que se amolde a nuestro ritmo, o, lo que es más factible, que nosotros nos amoldemos al suyo.

    Lo escribió mejor que yo otro escritor:
    (Mario Lago)
    “ Hice un acuerdo
    de coexistencia pacífica con el tiempo:
    ni él me persigue.. ni yo huyo de él..
    un día nos encontraremos."

    Que mañana sea también un buen día.
    Modesto.

  • otsaila bukatzen zaigu

    Ba doa denbora aurrera y gu berarekin.
    Gero eta azkarrago eskuetatik joaten zaigu eta ez dakigu nora.
    Beste agunean zerbait irakurri nuen honi buruz.

    “ Hice un acuerdo
    de coexistencia pacífica con el tiempo:
    ni él me persigue.. ni yo huyo de él..
    un día nos encontraremos."
    (Mario Lago)

    Horrelako pentsamenduekin hobeto bizitzen nau denborak.

    Gero arte, Modesto

  • mientras nos vive la vida

    Hace un tiempo le escribí una carta a la muerte. Hoy ha venido a mi memoria y la pondré en papel. Es otra manera de nviarla al correo, cosa que hasta hoy no he hecho.

    Un saludo para quien la lea y la haga suya, o no.

    Modesto. 27 febrero 06

    A quien corresponda:
    A la inesperada pero ineludible visitante de los vivos:
    A la muerte:

    Cansado estoy de repetirte ritos, de ofrendarte recuerdos y miradas, miradas de miedo y de recelo, miradas de reojo por si te veo. Siempre que te veo, menos mal, te veo en los ojos sin cerrar de los demás, en los ojos de los ancianos que ya han visto demasiado y en los ojos de los niños que no verán casi nada; en los ojos de cristal de los que te han buscado hasta encontrarte y en los ojos sorprendidos (y muy abiertos) de quien no te esperaba en aquella curva.

    Ansias de verte no tengo, pero mis neuronas curiosas y traviesas se empeñan en hilvanar el tejido donde se representa tu encuentro y el mío ¿Te veré de verdad o seguirás siendo inasible e inefable? ¿Te podré hablar y llamarte por tu nombre?

    En la tela dibujada por mi alma de pintor de futuros multicolores, se asoman a veces escenas donde con mirada de viejo ya gastado, te recibo con ojos hasta agradecidos y un “ya era hora†descansado. En otras te repudio y rechazo tu compañía tan temprana, sin tiempo a las despedidas, ni a los equipajes bien planeados para tu largo viaje (¿o no será tan largo?).

    Las escenas de nuestros encuentros se amontonan como cuadros en el desván del pintor y en todos los cuadros falta tu cara. No te conozco y sé que te encontraré. No sé pintarte pero anticipo tu llegada, tu abrazo, del que no sabré retraerme.

    Cansado estoy de pensar en ti y, sin embargo, apareces en mis cuadros, en mis cuentos y, lo que es peor, en mi vida, en recodos de mis compañeros de viaje, en las páginas llenas de esquelas que a diario engalanan y rellenan las noticias.

    Cansado estoy de saberte invencible y no saber hasta cuándo seguiré rindiéndote culto en los funerales de los otros y acabaré siendo actor en una obra contigo, y serán los otros, otros más longevos, los que te rendirán culto en mi memoria.

    Cansado estoy de anticipar escenas en que encuentras acomodo junto a mis seres vivos. ¿Será un antídoto suficiente sentirte cerca?

    Cansado estoy de saberte amiga y compañera inexcusable de mi último viaje, amante a la que no sabré ni podré responder que no, rechazar tus galas negras y tu abrazo eterno y fatal.

    Te escribo estas líneas por si tú, que vienes a mi memoria y a mis cuadros, te aburres de mi insistencia y dejas para otro día tan inexcusable viaje. Para que dejes que siga escribiendo mis días y mis amores sin ser compañía tuya.

    Espero que no me contestes y que olvides que algún día, en algún puerto, en alguna esquina, tenemos una cita tú y yo.

    Quisiera llegar a viejo y desear tu abrazo, sonreírte mientras llegas y abandonarme en tu lecho, muy despacio y con tu mano vieja sujetando la mía, cansada entonces de escribir y pintar.

    Hasta dentro de mucho.

    Modesto, (sin dirección).

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