Hace un tiempo le escribí una carta a la muerte. Hoy ha venido a mi memoria y la pondré en papel. Es otra manera de nviarla al correo, cosa que hasta hoy no he hecho.

Un saludo para quien la lea y la haga suya, o no.

Modesto. 27 febrero 06

A quien corresponda:
A la inesperada pero ineludible visitante de los vivos:
A la muerte:

Cansado estoy de repetirte ritos, de ofrendarte recuerdos y miradas, miradas de miedo y de recelo, miradas de reojo por si te veo. Siempre que te veo, menos mal, te veo en los ojos sin cerrar de los demás, en los ojos de los ancianos que ya han visto demasiado y en los ojos de los niños que no verán casi nada; en los ojos de cristal de los que te han buscado hasta encontrarte y en los ojos sorprendidos (y muy abiertos) de quien no te esperaba en aquella curva.

Ansias de verte no tengo, pero mis neuronas curiosas y traviesas se empeñan en hilvanar el tejido donde se representa tu encuentro y el mío ¿Te veré de verdad o seguirás siendo inasible e inefable? ¿Te podré hablar y llamarte por tu nombre?

En la tela dibujada por mi alma de pintor de futuros multicolores, se asoman a veces escenas donde con mirada de viejo ya gastado, te recibo con ojos hasta agradecidos y un “ya era hora” descansado. En otras te repudio y rechazo tu compañía tan temprana, sin tiempo a las despedidas, ni a los equipajes bien planeados para tu largo viaje (¿o no será tan largo?).

Las escenas de nuestros encuentros se amontonan como cuadros en el desván del pintor y en todos los cuadros falta tu cara. No te conozco y sé que te encontraré. No sé pintarte pero anticipo tu llegada, tu abrazo, del que no sabré retraerme.

Cansado estoy de pensar en ti y, sin embargo, apareces en mis cuadros, en mis cuentos y, lo que es peor, en mi vida, en recodos de mis compañeros de viaje, en las páginas llenas de esquelas que a diario engalanan y rellenan las noticias.

Cansado estoy de saberte invencible y no saber hasta cuándo seguiré rindiéndote culto en los funerales de los otros y acabaré siendo actor en una obra contigo, y serán los otros, otros más longevos, los que te rendirán culto en mi memoria.

Cansado estoy de anticipar escenas en que encuentras acomodo junto a mis seres vivos. ¿Será un antídoto suficiente sentirte cerca?

Cansado estoy de saberte amiga y compañera inexcusable de mi último viaje, amante a la que no sabré ni podré responder que no, rechazar tus galas negras y tu abrazo eterno y fatal.

Te escribo estas líneas por si tú, que vienes a mi memoria y a mis cuadros, te aburres de mi insistencia y dejas para otro día tan inexcusable viaje. Para que dejes que siga escribiendo mis días y mis amores sin ser compañía tuya.

Espero que no me contestes y que olvides que algún día, en algún puerto, en alguna esquina, tenemos una cita tú y yo.

Quisiera llegar a viejo y desear tu abrazo, sonreírte mientras llegas y abandonarme en tu lecho, muy despacio y con tu mano vieja sujetando la mía, cansada entonces de escribir y pintar.

Hasta dentro de mucho.

Modesto, (sin dirección).