Hoy he pasado toda la tarde con mi hijo pequeño, paseando, jugando y dejando que el tiempo nos vistiese de tristeza cálida y pausada.
Reencuentro aquí el poema que le escribí antes de nacer.
Acogeré entre mis manos
tu cuerpo sin tiempo, tanto
que beberé con delirio
tu alma, tu primer llanto.
Entre mis verdes ventanas
apuntarán unos brillos
gotas alegres, futuro
nueva sombra de mí mismo.
Acunarás tú mi alma
de viejo tejo y mi canto
arrullará tu reposo
pequeño, sutil, rosado.
Como hoja recién abierta
temblarás mientras tú creces
escrutas el nuevo bosque
y sueñas amaneceres.
Te sueño, hijo, te vivo.
